Hace algún tiempo, leí por algún sitio, seguramente por
alguna red social, como alguien comparaba la vida con un viaje en tren, me
pareció interesante si se sabe interpretar, pues así decía…, “La vida es como
un viaje en tren. Algunos comienzan el viaje junto a ti, otros se suben a mitad
de camino, muchos se bajan antes de llegar, pero muy pocos son los que
permanecen hasta el final”.
Foto 10K Ferimel 2018 |
Una de las primeras fotos de los atletas del C.A. Membrilla (Cross de Albacete) |
Esta frase se puede interpretar o comparar de varias maneras
o formas, y puede valer para varios estados de la vida misma, pero yo,
escribiendo estas líneas y obviamente en un blog deportivo, lo voy a comparar
con el tiempo que llevo desde que tomé la decisión de volver a practicar el
deporte de correr, cuando con la excusa de quitarme de mi adicción al tabaco,
volví a coger ese tren que dejé en la adolescencia y desde entonces seguimos en
él.
Con el temor de si había cogido el correcto me subí a este
tren, dejando en el andén, sin darme cuenta, una etapa de mi vida y cogiendo
otra, el cambio de trenes sin duda fue a mejor y este tren tiene más
beneficios, si bien, el billete quizás sea más caro y muchas veces hay que
sacrificarse para seguir en él y poder pagar el pasaje.
Cuando me subí al vagón en él había varios amigos y
conocidos, incluso familiares, y la verdad me sentí reconfortado y animado, era
un nuevo destino el que elegí y sin duda muchos de estos me ayudaron a
acomodarme en el dicho vagón, en mi asiento y a entender sus normas, por lo que
el viaje continuaba…
Ese tren, tenía muchos vagones, y de vez en cuando me
daba una vuelta por ellos, allí conocía y coincidía con muchos viajeros que como yo
habían elegido el mismo destino, incluso con varios entablé una buena relación
de amistad que aún perdura, y cada vez que visitábamos una ciudad, me di cuenta que muchos de
ellos tenían la misma ilusión que yo en nuestro destino.
Mi vagón estaba muy bien acondicionado, con la ilusión y ganas de redecorarlo de los que iban delante que lo dejaron muy acogedor, muchos eramos los que ibamos subidos en el, cada uno con su destino, algunos iban a un destino
corto y pronto se apearían, otros pensaban llegar más lejos pero no estaban
dispuestos a pagar algunos peajes, otros tenían ciertos intereses en ir en ese
vagón, otros estaban convencidos de llegar a su destino…
En cada estación se subían nuevos compañeros de viaje, otros
se apeaban, en los asientos los compañeros iban cambiando y parte del viaje me
tocaba ir, una vez con unos en mi asiento de al lado, y otra vez con otros, algunos
asientos siempre iban ocupados por las mismas personas, que de no moverse dormían
mucho, otros cambiaban, pero el tren seguía su destino y yo seguía en él, y
seguía disfrutando de las paradas en ciudades y ciudades, con mis compañeros de
tren y de vagón, tenía claro mi destino.
En algunas ocasiones, es cierto que las menos, me quedaba
dormido en mi asiento y no bajaba a visitar la ciudad, otras veces no me
encontraba en condiciones para visitar la ciudad a la que se llegaba, pero
seguíamos recorriendo kilómetros, había ciudades más bonitas que otras, ciudades
las cuales teníamos marcadas en rojo, y junto a muchos de mis compañeros de
vagón y tren visitábamos de forma especial.
A veces, en el vagón sonaba música a son de los que la
manejaban, unas veces agradable, pero otras no tanto, y no siempre gustaba a la
mayoría, pero era lo que había, y esa ilusión y ganas que había cuando me subí había desaparecido, por lo
que muchas veces valoré cambiar de vagón, que no de tren, pero al final no me
decidía pues aquel vagón el cual en su momento estrené, le había cogido cariño y además era tan mío como de los que ponían la música, el vagón
no era de ninguno y era de todos, estaba al servicio de los viajeros.
En este vagón, con el paso de las estaciones, las normas se quedaron muy escuetas, incluso ya no estaban publicas como antes y muchas de ellas se podían incumplir, de echo venían
viajeros de otros vagones aprovecharse de esa circunstancias, cambiándose de
vagón a su antojo, pero los que seguíamos en nuestro asiento durante todo el
trayecto no podíamos pedir que cambiasen la música, que le diesen o bajasen
volumen, mientras lo viajeros ocasionales si lo podían hacer, tampoco podíamos proponer una nueva decoración, no escuchaban.
El tren seguía a toda marcha por la vía adecuada, aunque en
los distintos vagones los pasajeros subían y bajaban, en el nuestro también,
aunque de nuestro vagón, la verdad los
que tenían el destino más lejano se iban apeando con más prontitud, a pesar de ser los viajeros que más interesaban, quizás
porque iban a otros destinos, quizás por la compañía del vagón, quizás por la
música, o que la decoración ya había pasado de moda y esa ilusión por volver a redecorar de nuevo no existia, o incluso el ambiente o porque los de delante se habían echado a
dormir, pero la verdad es que el vagón
cada vez estaba menos concurrido, especialmente de los viajeros de largo
recorrido.
Yo sigo en el vagón, en mi vagón, en mi asiento de cola, en
busca de mi destino, aunque muchas veces la música no me guste, aunque vea que la decoración de este vagón ya esté anticuada, aunque vea que no halla la ilusión del principio, aunque sigan
pasando compañeros de asiento, sopesando moverse de vagón de vez en cuando, pues en este tren hay muchos vagones, y disfrutar de la
música y ambiente que más nos guste, quizás algún día los que ponen esa música
se apeen del vagón, o quizás lo haga yo, o tal vez cambien de sitio y los que pongan
música lo hagan para que se comparta al gusto de todos, decorando de nuevo el vagón, con unas normas que se respeten con todos los pasajeros, incluso
de los que tienen destino más largo, que sin duda son los que mejor cuidaran
del vagón, porque esos pasajeros son los que tienen ilusión y seguro volveran a darle un toque acogedor que nos siga llevando por las distintas estaciones.
Mientras seguiremos recorriendo kilómetros, visitando
ciudades, recordando a los compañeros de asiento que alguna vez estuvieron al
lado con más o menos suerte, y
compartiendo con otros nuevos compañeros que seguro se sentarán a mi lado, y
quizás algún día no solo cambie de vagón, sino de tren, si bien ahora mismo
este es el tren elegido, y el vagón es en el que voy con compañeros de viaje de
siempre, disfrutando a veces de la música, y cuando no me guste intentaré
taparme lo oídos o decir que bajen el volumen, (aunque seguro lo subirán), pero es lo que tiene haberle tomado cariño a
este vagón, el vagón de TODOS los pasajeros y no solamente de los de "alante", que si bien redecoraron muy bien el vagón hace tiempo, ahora le están quitando ese buen gusto hasta que el vagón se quede de nuevo anticuado y tengan que acondicionarlo otros con esa ilusión que estos en su momento tuvieron.
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